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Portada  |  02 junio 2020

A 12 años de la muerte de Don Angel Malvicino

El 2 de junio de 2008 moría a poco de cumplir 87 años Don Angel Malvicino, atleta, empresario y presidente de Unión.

Angel Malvicino fue un luchador. Nació el 20 de mayo de 1921 en Crespo, Entre Ríos. José, su padre, fue un ferrorivario desde los 12 años, mecánico de máquinas, maquinista y jefe en la Estación Urquiza. Fue fundador del Círculo Católico de Obreros y de la poderosa Unión Ferroviaria de Paraná. De allí habrá sacado esa vocación emprendora y luchadora, porque contaba siempre don Angel que cuando formó una de sus exitosas empresas, lo hizo sentado en una lata de aceite...

Sus hermanos, Víctor y Oscar, siempre coincidieron en señalar que Angel fue un superdotado, un joven tocado por la varita mágica del destino para la práctica de la actividad deportiva. Fue atleta, nadador, boxeador y remero. Precisamente, participó en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948 y consiguió la medalla de bronce. Eran tiempos en que Angel vivía en Buenos Aires, almorzando en una casilla junto a marineros y a la noche tomando mate cocido en una piecita alquilada, donde debía colgar su ropa de entrenamiento que lavaba todos los días. En Inglaterra, corrió en la famosa cancha de Henley, en doble, con 47 participantes, ubicándose quinto y logrando la medalla de bronce (entonces, del tercero al quinto conseguían esa presea).

Malvicino conoció en Paraná al gran amor de su vida, a la “Chola” Peralta, una mujer excepcional que lo acompañó hasta el último suspiro de vida, que estuvo siempre a su lado, respetando sus chinches, sus enojos, sus broncas y sus silencios. La había conocido en Paraná, donde estudiaba, pero ella era de Cañada de Gómez. Angel era un laburador normal, seguramente con problemas para llegar a fin de mes, hasta que tomó la representación de una fábrica de galletitas. Así empezó, vendiendo masitas en la calle. Se hizo millonario.

Con Chola tuvo tres hijas mujeres: Mónica, “Maga” y “Pato”. Le dieron nietos y siempre quiso tenerlas allí, viviendo con él, en su amplia casa de El Paso. 

Malvicino tuvo muchísimas distinciones, entre ellas la de ciudadano ilustre. Pero sin dudas que hubo una que lo engalanó: la de ser presidente del Club Atlético Unión, la gran pasión de su vida.

Sus comienzos fueron por la década del ‘50, en tiempos de don Pancho Anello y del doctor Mario Iparraguirre. Manejaba el fútbol. Y fue el hombre que, durante la conducción de Marcelo Casabianca, condujo a la institución a Primera División. Se arrogó toda la vida el honor de haberlo traído al Pulpa Etchamendi y también a Luis Sauco. “Con un Sauco en el equipo, salimos campeones”, dijo varias veces.

Angel fue un hombre tan generoso como impetuoso. Supo de peleas fuertes en el club y tuvo rivales. Uno de ellos fue otro prócer de la institución, como Super Manuel Corral, primero amigo y luego adversario político. Se enojó mucho cuando le hicieron la carpa, en los inicios de la década del 80, cuando él era presidente del club por primera vez, repatriaba a Leopoldo Luque y traía al controvertido Cavagnaro de entrenador. Su berrinche fue el de construir obras en el club. Siempre. Y la donación del imponente estadio cubierto que lleva su nombre fue la cumbre de sus sueños cumplidos.

Trajo la televisión por cable a Santa Fe, pero siguió colaborando con Unión desde afuera, hasta que el club lo reclamó en 1995 para formar parte de la comisión de notables que se hizo cargo de un club que no tenía luz, agua, ni jugadores. Al año, daba la vuelta olímpica.

En esos tiempos se le ocurrió aquella frase polémica para muchos: “Para ser presidente de Unión hay que tener chequera”. Y él usó su chequera. La usó para pagar las cuantiosas deudas del club (había más de 140 juicios en el ‘95), y también para construir el estadio cubierto que se inauguró el 20 de mayo de 1998, el día que Angel cumplía 77 años de vida.

Se peleó con muchos don Angel, pero derramó lágrimas cuando la gente gritaba: “Que de la mano, de Malvicino, todos la vuelta vamos a dar...”, en el 96. Era un tipo sensible, por más que encerraba un aspecto de hombre huraño, parco, difícil de tratar... Pero era extremadamente generoso.

Hoy, a 12 años de su muerte, sigue su recuerdo imborrable en un hombre que supo también ganarse el respeto y el cariño de la gente en general, más allá de las pasiones de Unión y Colón. La historia tatengue está íntimamente ligada a Don Angel Malvicino.



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